El sistema vende de a uno
La mayoría asume que todo se vende entero. Cuando el cliente pide 2,5 metros de cable, o redondeás o inventás un producto “medio metro”. Las dos cosas te descuadran el stock.
En visnes la unidad es de cada producto, no del sistema. El cable va por metro, los clavos por kilo y los candados por unidad, en el mismo catálogo y en el mismo ticket.
La mayoría asume que todo se vende entero. Cuando el cliente pide 2,5 metros de cable, o redondeás o inventás un producto “medio metro”. Las dos cosas te descuadran el stock.
El tornillo suelto no trae código de barras. Si buscar implica saber el código exacto, el mostrador se frena en cada venta.
Y hay que mover cientos de precios de una vez. Hacerlo a mano lleva un día; hacerlo mal y sin poder volver atrás sale mucho más caro.
Kilo, litro y metro se fraccionan; unidad, gramo, par y juego van enteros. Lo elegís producto por producto, así la misma ferretería vende tornillos por unidad y cadena por metro sin tener que elegir un modo para todo.
2,5 metros y 0,75 kg se venden tal cual. Los tres decimales son los mismos en el producto, en la factura y en el stock: lo que se descuenta y lo que se imprime coinciden.
Nombre parcial, código propio o código de barras, todo en el mismo campo. No hace falta saber de antemano cuál de los tres estás usando.
Cada producto sabe a qué proveedor se le compra. La orden lleva sus líneas con cantidad y precio unitario, y al recibirla se actualizan los costos con lo que efectivamente pagaste.
Sacás una foto y el sistema extrae los ítems. Queda en pendiente, nunca recibida: entre que el sistema lea mal y que el stock quede mal, tiene que haber una persona mirando. Lo que matcheó por parecido se marca aparte con su porcentaje.
Cada producto tiene su mínimo, y el de la sucursal pisa al general. Cuando algo lo cruza salta un aviso con el nombre del local, y el contador queda a la vista en el menú.
Llega la lista nueva y movés cientos de precios de una vez, con vista previa. Y si algo salió mal, se deshace. Poder volver atrás es lo que hace que te animes a apretar el botón.
El mismo tornillo en seis medidas o el caño en tres diámetros, cada uno con su stock y su precio, sin ensuciar el catálogo con seis productos separados.
Las listas de precios se activan por cantidad o por importe: el que compra 50 tornillos paga el precio de 50, sea quien sea. No hay una lista atada a un cliente en particular, así que al albañil de todas las semanas se le cobra por lo que lleva, no por quién es. Para el caso puntual está el descuento en la venta, con tope según el rol de quien atiende.
Profesional. Es el que le sirve a una ferretería de verdad: hasta 500 productos, tres sucursales, factura AFIP incluida, cuenta corriente de clientes y transferencias de stock entre el depósito y el mostrador. Si recién arrancás y el catálogo es chico, Starter alcanza.
14 días de prueba, sin tarjeta. También podés arrancar con el plan gratuito y crecer después.